Conviviendo con las tragedias

Autor: Iván Matavera, experto en sistemas de Auto Protección, Catalunya, España

El 2022 ha sido convulso con lo que respecta a grandes tragedias ocurridas en espacios abiertos, ya sea en un campo de fútbol o en las calles de una ciudad. Las causas pueden ser múltiples y el análisis también. Pero después de cada evento con resultados negativos para la seguridad humana, la pregunta que siempre nos debemos hacer es:

¿hubiese sido evitable esa tragedia? 

Dos eventos en dos campos de fútbol en dos países diferentes, separados aproximadamente por 16.000 km, sufren una misma tragedia: la presencia de la muerte en su estadio. Si bien es cierto que la persona fallecida no murió en el estadio “Juan Carmelo Zerillo” (La Plata, Argentina) cuando se enfrentaban los equipos de Gimnasia y Esgrima (local) y Boca Juniors, todo hace pensar que las causas de esa muerte fueron diversas. Y, entre ellas, me atrevo a decir que falló la organización del evento, la falta de una organización en emergencias, la planificación previa al partido y la actitud violenta de la policía, la cual utilizó armamento disuasorio y la que tiene la responsabilidad de la seguridad pública en el estadio.   

Estadio “Juan Carmelo Zerillo” (La Plata, Argentina)

Los hechos ocurren un 6 de octubre de 2022. Minutos después de empezar el partido, se decide cerrar algunas de las puertas del estadio. Esa decisión tendrá consecuencias más tarde. La actitud de la policía bonaerense frente a los hinchas (unos con entrada y otros sin) que querían entrar en el estadio fue crucial para entender lo que ocurrió después. Entró en juego la policía. El uso de balas de goma (prohibidas, por ejemplo, en Catalunya) y de gas lacrimógeno, enturbió la jornada futbolera. El gas, más pesado que el aire, no se disipó y entró en el campo de fútbol por una de las gradas, las cuales no disponen de contrahuella, lo que seguramente facilitó la dispersión, afectando así a un gran número de personas. Los efectos del gas lacrimógeno y la actitud hostil de la policía hacia los espectadores menguaron las capacidades físicas, psicológicas y emocionales de buena parte de ellos. De hecho, una de las consecuencias de respirar gas lacrimógeno es la desorientación y la agitación, dos sensaciones que pueden hacer entrar en un estado de temor a las personas y desembocar en ansiedad.     

Así pues, si sumamos la situación de estrés provocada por la policía y sus procedimientos de disuasión, las dificultades para respirar, irritación en los ojos, boca y nariz, desorientación, mala o pésima visión, sensación de quemazón en la piel y puertas cerradas, entonces tendremos un cocktail ideal para que aparezca la tragedia.      

Obviamente, hay que controlar otros muchos factores (recorridos de evacuación, ancho de pasos y puertas, señalización, iluminación en emergencia, informar a los espectadores, disponer de un equipo de emergencias para guiar y controlar los accesos…), pero por lo que respecta a la seguridad humana, la presencia de una multitud es siempre un elemento de riesgo que hay que controlar, sobre todo por parte de las autoridades que tienen el monopolio de la violencia de su lado.      

Estadio “Juan Carmelo Zerillo” (La Plata, Argentina)

Por otra parte, lo que sí se controló fue la perdida de menores. En un video que se puede ver en redes sociales, la megafonía emitió un mensaje para que los padres o tutores recuperaran al menor perdido.  Link del audio        

Toda actividad de pública concurrencia, sobre todo en estadios deportivos, centros comerciales y edificios de la misma índole, tendrían que implantar en su plan de autoprotección un procedimiento para la recuperación de menores perdidos o raptados. Y digo raptados, porque en Estados Unidos existe el Código Adam, un procedimiento muy sencillo que se implanta en centros comerciales donde los miembros del staff se implican en la organización para evitar el rapto de menores y que el presunto delincuente sea, al menos, identificado.     

Si cambiamos de continente, en la Isla de Java, el resultado fue aún peor que en el estadio del Gimnasia. Murieron cerca de 130 personas. La causa fue el brote de violencia de los grupos ultra del equipo local. Los estadios cerrados con vallas, actualmente en Europa, ya no existen. Eso es debido a otra tragedia, la del estadio de Heysel (Bélgica), ocurrida el 29 de mayo de 1985, donde murieron 39 personas. Un recinto vallado es una trampa mortal para los espectadores, si estos necesitan evacuar hacia el campo.      

Estadio del Arema FC (Malang, Indonesia)

En ambos casos, tanto en el estadio del Gimnasia (La Plata, Argentina) como en el estadio del Arema FC (Malang, Indonesia), la policía actuó con contundencia para dispersar a los espectadores utilizando gas lacrimógeno, indiscriminadamente. Los efectos de este gas en el ser humano, aparte de los ya descritos anteriormente, pueden tener un posible efecto perjudicial hacia mujeres embarazadas y, de rebote, hacia el feto, provocando posibles anomalías o abortos, entre otros muchos efectos. A parte de que el gas puede afectar a terceras personas ajenas al evento debido a su volatilidad y dispersión. Obviamente, el gas no discrimina entre personas con ciertas vulnerabilidades (asma, dificultades respiratorias, afecciones cardíacas, personas mayores, menores, personas con movilidad reducida, personas con diversidad funcional…).      

La última tragedia que ha sacudido nuestro planeta fue la que ocurrió en la ciudad de Seúl, en el barrio de Itaewon, Seúl, Corea del Sur. Varios factores confluyeron en la tragedia. Uno de ellos, fue la espontaneidad de la concentración de personas en un mismo lugar. Después de las últimas restricciones de la pandemia por SARS-CoV-2, ese 29 de octubre se levantaban las restricciones. La gente salió a celebrarlo coincidiendo con la festividad de Halloween.

Itaewon, Seúl, Corea del Sur

Las últimas noticias son que hubo alrededor de 150 personas fallecidas a causa de un movimiento de masas que provocó el aplastamiento y posterior ahogo de esas personas. Aunque muchas de ellas recibieron la reanimación cardiopulmonar (RCP) por las propias personas presentes en la fiesta, las ambulancias tardaron en acudir al lugar de los hechos debido a la presencia de esa misma multitud que les dificultó su acceso.      

Otro factor de riesgo que propició la tragedia fue la ubicación escogida para la concentración espontánea, es decir, un laberinto de calles angostas, estrechas y, algunas de ellas, con pendientes pronunciadas. Insisto en la expresión “espontánea”, porque la fiesta no tenía un organizador claro y definido. No había, a priori, una delimitación del espacio donde poder actuar e implantar unas vías de evacuación, o señalización. No existía obviamente  un organigrama en emergencias propio. Entonces, en estos casos, ¿de quién es la responsabilidad?      

Valga decir que este artículo no entra en esa disputa. Pero sí que quiere poner de manifiesto que la autoprotección empieza por uno mismo. En sociedades avanzadas, los más pequeños ya entran en contacto con la autoprotección. Realizan simulacros en las escuelas, reciben charlas sobre incendios, son informados de los riesgos, disponen de juegos digitales que hablan sobre emergencias…

Por lo tanto, la autoprotección debe venir incluida en el propio hogar y, también, en el itinerario curricular de las escuelas. Porque es en esos ámbitos, tanto en el privado como en el público, donde podemos moldear a nuestros hijos e hijas para que puedan tener un pensamiento crítico y puedan realizar un análisis de riesgos con las suficientes herramientas que tengan a su alcance. Y ese análisis de riesgos en presencia de multitudes y espacios angostos, debe tener unas consecuencias claras: abandonar el lugar y buscar otro más despejado con salidas amplias y seguras. Eso es tan válido para un edificio como para un espacio al aire libre.       

No quisiera acabar este artículo sin responder a la pregunta inicial: ¿hubiese sido evitable esa tragedia? Mi respuesta es siempre que sí. Obviamente, el riesgo cero no existe. Pero se pueden paliar las posibles consecuencias de una emergencia que implica la presencia de un gran número de personas siempre y cuando se haga prevención previamente. Quizá, en Seúl, las autoridades hubiesen tenido que realizar unas actuaciones previas, dejando lo más limpias posibles las calles de objetos u obstáculos, señalizar las calles con carteles visibles y fotoluminiscentes, cortar o anular las calles más angostas, cerrar el tráfico de las vías de comunicación más cercanas al evento, potenciar el transporte público, cerrar estaciones de metro cercanas, colocar ambulancias fijas en sitios estratégicos, dar información en redes sociales mediante las cuentas gubernamentales.  

Lo que nunca debemos hacer es revictimizar a la víctima. Es decir, generalmente, desde los medios de comunicación, y eso tiene que ver con el comportamiento humano en emergencias, se tiende a culpabilizar, consciente o inconscientemente, a las personas que padecen ese tipo de tragedias, ya sean incendios, multitudes, avalanchas…

El foco hay que dirigirlo, en caso de que haya un evento en concreto, en la organización de dicho evento. Hay que dirigir el análisis en el porqué de las causas que han causado la tragedia o el incendio. Si se toman las medidas de seguridad idóneas, difícilmente la emergencia tendrá una repercusión negativa en las personas. Por eso es importante que haya un flujo de información, ya sea a través de mensajes de megafonía, señalización, organización…, hacia las personas que se ven involucradas en la emergencia. Porque de esta manera, las personas podrán iniciar un proceso de toma de decisiones para poder discernir y analizar las mejores opciones para salvaguardar su vida. 

No obstante, siempre es más fácil hacer un análisis de lo ocurrido cuando ha pasado la tragedia. Pero en los tres casos que hemos comentado, las autoridades deben poder ser capaces de analizar lo ocurrido, evaluar las consecuencias y fomentar las medidas de protección que sean necesarias. En definitiva, no es más que aplicar la base de la prevención: identificar el riesgo, evaluarlo y actuar mediante las medidas preventivas.

Ivan Matavera
[email protected]
(Barcelona, España)

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