INCENDIO EN LA FERRETERIA ISASI (1890)

A cinco años de iniciarse la guerra de la independencia de Cuba, una tragedia sacudió las almas de los cubanos de La Habana, concretamente en el actual municipio de la Habana Vieja.

En plena lucha de clases entre la élite colonial española y los trabajadores libres y los esclavos, sucedió algo terrible. La noche del 17 de mayo de 1890, a las diez y media, un incendio, seguido de diversas explosiones, destrozó el local que regentaba Juan Isasi, propietario de dicha ferretería. El local, ubicado en la calle Mercaderes, 24, esquina con calle Lamparilla, albergaba en su interior grandes cantidades de dinamita y pólvora. La dinamita, que había sido inventada recientemente por Alfred Nobel, es un explosivo muy potente compuesto por nitroglicerina, básicamente. El propietario disponía de esos productos sin declararlo a las autoridades de la isla para no pagar impuestos.

Las causas de la explosión se desconocen, pero esas explosiones posteriores dejaron sepultados a numerosos bomberos y otros funcionarios del orden público. No obstante, uno de los diarios de la época, La Lucha, en su edición del martes 10 de junio de 1890, apuntaba a esta causa: “Diversas son las versiones sobre el principio del fuego, la más válida de ellas es que tuvo origen en el descuido de un muchacho empleado del establecimiento que, al irse a acostar, colocó una vela encendida cerca del depósito de un líquido inflamable”. Las noticias de la isla llegaban tarde y sin toda la información necesaria. Sabemos que había productos inflamables, pero el origen del incendio y posterior explosión sí fue causado por la dinamita.

En la Habana existían dos cuerpos de bomberos, tradicionalmente enfrentados entre sí, y que ponían de relieve esa lucha de clases que sobrevolaba por la Cuba de finales del s. XIX. Uno de los cuerpos de bomberos era el Municipal, formado principalmente por gente de oficios como albañiles, carpinteros, zapateros… de origen afroamericano. El segundo cuerpo era el del Comercio, formado por estudiantes, periodistas, comerciantes… de origen blanco. Cuando llegaron al incendio, los dos cuerpos iniciaron sus trabajos de extinción. Uno de los bomberos preguntó si existían productos explosivos y la respuesta fue negativa. Minutos después, hubo dos explosiones con el resultado trágico de la muerte de 9 bomberos de los Municipales y 17 bomberos del cuerpo del Comercio. También murieron cuatro agentes del orden público, un miembro de la marina y ocho vecinos.

En una de las crónicas del suceso, el diario El Bien público describía así el trabajo ingente de los bomberos: “Los bomberos, a pesar del cuadro horrible y desgarrador que se presentaba, desafiando la muerte que se había apoderado airada de muchos de sus compañeros, redoblaron sus esfuerzos con sin par heroísmo y abnegación, trabajando materialmente entre las llamas y sobre los escombros, a fin de lograr que el incendio, que tan colosales proporciones había tomado, no se extendiese, destruyendo los importantes establecimientos que existen en aquella manzana y en las cercanías. Mucho lograron en ese punto y la victoria fue suya, no sin que para conseguirla dejasen de sufrir muchos de esos establecimientos”.

“El propietario, sabedor de lo que estaba pasando en su local, fue detenido la misma noche de la explosión. Al día siguiente, fue puesto en libertad después de haber declarado ante el juez.”

Los días posteriores a la tragedia, La Habana se vistió de luto. Los establecimientos comerciales cerraron sus puertas, los centros de trabajo suspendieron su actividad, cesó el tráfico de carruajes. El Ayuntamiento de la ciudad costeó el entierro de las personas que perdieron la vida en la explosión e incluso algunos periódicos abrieron suscripciones para sufragar otros costos y ayudar a las familias. Una oleada de solidaridad sacudió los cimientos de la sociedad habanera. Los teatros que abrieron sus espectáculos con el objetivo de recaudar dinero para ayudar a las víctimas. El Diario de la Marina, inició una suscripción para erigir un mausoleo en honor a las víctimas. Este mausoleo está actualmente en el Cementerio de Colón.

Actualmente, donde antes se erigía la ferretería Isasi, hoy está la Sala de los Bomberos de la Dirección de Patrimonio Cultural de la Oficina del Historiador, dedicada a honrar la memoria de las víctimas de este voraz incendio, inaugurada en 1995 como museo que alberga piezas (cascos, uniformes, herramientas…) y carros del cuerpo de bomberos de los Municipales. También existe una placa conmemorativa donde se enumeran las víctimas de la explosión

 

Ivan Matavera (España, Barcelona)

ivan.matavera@gmail.com

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